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Nueva Evangelización y Catequesis

Objetivos

Si bien el objetivo es doble, dado que estamos hablando de catequesis y de nueva evangelización, en ambos casos compartimos un punto en común: la presencia cercana, amorosa, misericordiosa del Señor Jesús en esta comunidad. Por eso, el objetivo principal será el de la inserción real de los hermanos en la vida de la comunidad cristiana.

Estructura General

La experiencia de la fe está programada para tres etapas independientes. Las dos primeras comienzan con la Pascua y finalizan con la Navidad. La tercera es coincidente con el tiempo de Cuaresma.

Cada etapa está dividida en módulos.

La duración de los módulos estará determinada por los objetivos parciales y el contenido catequístico.

Cada módulo está compuesto por celebraciones, encuentros catequísticos, servicios sociales, jornadas de oración, juegos, esparcimiento comunitario.

Las etapas

Cada etapa es independiente una de la otra. Sus contenidos están guiados -como diremos más adelante- por el itinerario bíblico, siguiendo el ciclo de tres años. Cada año el contenido es único y todos los que hacen parte de la pastoral de nueva evangelización comparten los mismos contenidos, sin importar si están haciendo la primera etapa o la segunda.

En el transcurso de cada etapa los sacramentos se celebran progresivamente, siempre de acuerdo con la propuesta bíblica. La iniciación a la reconciliación sacramental no tiene fecha predeterminada, sino que va de la mano del camino evangélico.

La tercer etapa, que es coincidente con el tiempo de Cuaresma -y que centra su atención en la vida bautismal-, fundamentalmente está orientada a la inserción del catecúmeno en la vida celebrativa de la comunidad. Los “encuentros” son las mismas celebraciones dominicales y tiene su momento central en la Pascua, a la que inmediatamente sigue la eucaristía de primera comunión. Luego cada uno puede continuar el itinerario que comienza nuevamente, de manera que quede satisfecha la necesidad de acompañar el crecimiento de quienes han realizado ya su primera comunión.

Módulos

El primer módulo dura lo que el tiempo pascual. El segundo corresponde al período que va de Pentecostés hasta el inicio del Adviento. Y el tercer módulo está referido al tiempo de Adviento.

Primer módulo: correspondiente al tiempo litúrgico de la Pascua. Tiene por principal objetivo el anuncio festivo y la experiencia gozosa en comunidad del Cristo resucitado. La celebración semanal estará en el centro de la experiencia. Por lo tanto, la finalidad de esta primera etapa no es tanto la transmisión de contenidos, sino más bien la celebración festiva de la fe en el Cristo Jesús Vivo en medio de nosotros. Este primer módulo finaliza con la Vigilia de Pentecostés.

Segundo módulo: luego de la primer experiencia, más celebrativa, la segunda etapa está determinada por la metodología del “taller”, donde a partir de la proclamación de la Palabra de Dios iluminamos nuestras vidas. Este segundo módulo se subdivide a su vez en varios submódulos. Todos ellos contienen: taller de fe, jornada de oración, servicio social, celebración.

Tercer módulo: la metodología de esta tercer parte es particularmente misionera. En el centro de la experiencia está la revelación de la humanidad redentora del Señor Jesús y su solidaridad con el hombre, particularmente el hombre pobre. Por eso, al finalizar el año y cercana ya la Navidad, la propuesta es el anuncio de la presencia real de Dios en nuestro barrio, en nuestras casas, en nuestras familias.

Un taller bíblico

El taller bíblico de niños:

un acontecimiento “kerigmático”

Primera etapa

El kerigma en mi vida

1- Mirar al Señor que me está mirando. No estoy ahora delante de una obra literaria, sino junto a él, que tiene palabras de Vida. Todo este proceso es un diálogo con el Señor Jesús, que está conmigo.

2- Partir de la Palabra, así tal cual la he recibido. La leo serenamente, sin “buscarle el pelo al huevo”. Aclaro las palabras que no se comprenden. La saboreo.

3- Pensar. ¿Qué dice esta palabra que viene del Señor? Intento descubrir el mensaje universal, sin llevarlo necesariamente a mi propia vida de entrada. Digo lo que “me parece” que dice, aún cuando no pueda explicitarlo correctamente. Me dejo guiar por el Espíritu que dialoga en mi interior.

4- Sentir con el Señor. ¿Qué “me” dice? Intento formularlo en pocas palabras. O traigo la situación de vida que creo que está iluminando. Tal vez no sea un “mensaje” propiamente el que me comparte el texto, sino más bien un sentimiento interior (paz, sabiduría, quietud, plenitud, alegría, fortaleza, impaciencia, remordimiento, rabia, etc,).

Segunda etapa

El kerigma en nuestra comunidad

1- Escuchar. ¿Qué te dijo el Señor? Tranquilamente compartimos nuestra oración personal. Todos oímos sin cuestionar. Podemos preguntar si no hemos entendido lo que el otro dijo. Es importante poder descubrir el paso del Señor por la vida del hermano que está hablando. Es más importante la resonancia interior –la del hermano y la mía- que la idea.

2- Contemplar. “A mí me parece que el Espíritu Santo nos está diciendo..., nos está animando a... nos está corrigiendo en... nos quiere empujar a... etc”. Ya no es lo que a uno le parece, sino lo que en común estamos sintiendo, después que todos se expresaron. Intentamos formularlo en unas palabras sencillas, claras. En una expresión kerigmática. Y la disfrutamos cantando o simplemente dejando fluir las emociones interiores.

Tercera etapa

El kerigma para los hermanos

1- Ofrecer esa formulación kerigmática a la que hemos llegado y que nació de nuestro encuentro con el Señor. Presentarla como el leimotiv o eje transversal del encuentro. Más que una idea ofrezco una “contemplación”: contenido salvador, resonancia interior, invitación al seguimiento.

2- Escuchar. ¿Qué les parece esto? ¿Qué significan esas palabras? Dejar que todos hablen, que pregunten, que sugieran, que se rían, que relacionen, etc.

3- Sentir con el Señor. ¿Y a cada uno de nosotros nos está diciendo algo? ¿Qué? Lo llevamos a la propia vida. Tal vez a alguna situación personal, grupal o familiar, algún hecho de carácter público y que está a flor de piel. Le abrimos el espacio a la “corporeidad” (dibujar, cantar, representar, recortar, etc).

4- Pensar. ¿Qué podemos hacer entonces? Algo concreto, puntual, alcanzable esta semana, este mes.

5- Llegar a la Palabra. Introducimos la Biblia: siempre con fiesta, música y adornos. Leemos la palabra desde la cual partimos. Y, finalmente, miramos al Señor y le ofrecemos nuestra oración, alabanza, etc.